viernes, 19 de diciembre de 2014

Los Jueces y la fuerza de Sansón: Lección 07 del curso historia de la salvación


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Esta lección viene a demostrarnos una vez más que Dios realiza grandes milagros en favor de los suyos. En el camino histórico que realiza el pueblo de Israel hacia la tierra prometida encontramos reflejada la misma actitud del cristiano que se encamina hacia la Patria Celestial. A pesar de los rechazos y rebeldías Dios sigue suscitando hombres con poder para liberar al pueblo de la opresión. Los jueces son esos personajes dotados de cualidades extraordinarias para ser líderes en esta misión. Como a ellos, Dios da a cada uno de nosotros capacidades para hacer el bien a los demás sin miedo a los compromisos o a las dificultades.

Para disponernos a reflexionar la palabra de Dios tomemos el salmo 118 que es una alabanza a Dios en gratitud por habernos librado de la mano de nuestros opresores. Después hacemos la oración: «Te damos gracias Señor por la oportunidad que nos das de reflexionar tu Palabra. Te pedimos que nos des la fortaleza para poder ayudar a tantos hermanos nuestros que, por no conocerte, viven oprimidos por el pecado y la injusticia» (Ave María y Gloria).

Recordatorio de la lección anterior:

Antes de empezar, es conveniente que demos un repaso breve a nuestra lección anterior. En ella dábamos respuesta a ciertas preguntas y objeciones que nos hacen los hermanos protestantes sobre el uso que damos los católicos a las imágenes, sobre nuestra devoción a los santos y a las reliquias. Tales devociones, veíamos, están firmemente cimentadas en la enseñanza bíblica y en la tradición de la Iglesia. En el caso de las imágenes insistimos que Dios no las prohíbe en sí mismas, lo que prohíbe es la idolatría, es decir, adorar otros dioses. Esto se demuestra con el hecho de que Dios mismo manda construirlas (Ex 25, 18 Núm 21, 8), pero al ver que el pueblo las ha convertido en dioses, las manda destruir (2Re 18, 4). Añadíamos también que las imágenes son valiosas en el sentido que animan la oración y la piedad cristianas.

En el caso de la devoción a los santos, hablábamos de que acogernos a su intercesión es un hecho enteramente bíblico. Pablo recuperó la vista a través de Ananías, un hombre santo, a pesar de que Dios pudo habérsela devuelto directamente (Hch 9, 19). Los santos son los amigos de Dios que por su cercanía y confianza nos logran más fácilmente los favores divinos que necesitamos. Nada le quitan a la gloria divina, al contrario, la ensalzan y engrandecen pues hacen ver que Dios puede valerse de hombres pequeños para realizar grandes milagros.

La devoción a las reliquias, que está íntimamente ligada a la devoción a los santos, (pues las reliquias son los restos y objetos que les pertenecieron) nos expresa también la gran estima que Dios tiene para con estos hombres. En los Hechos de los Apóstoles encontramos como muchas personas fueron sanadas mediante las prendas y objetos que pertenecieron a Pedro y Pablo (Hch 19, 11- 12).

Nuevamente tomamos el hilo de nuestra historia de la salvación. Recordemos que Dios ha sacado libre a su pueblo de Egipto encaminándolo por el desierto hacia la tierra prometida. Fueron cuarenta años los que Israel navegó por ese desierto, años de duras y pesadas luchas; pero al fin después de todo este tiempo llegó el momento esperado. Moisés ha muerto sin pisar la tierra prometida pero ha cumplido su misión dejando a su pueblo Israel a un paso de conquistarla.

DIOS NOS ACOMPAÑA

Josué 3, 14-17
Decíamos que el pueblo de Israel ha soportado 40 años de pruebas y luchas por el desierto. El caminar por el desierto es símbolo de trabajo y purificación. El 40 es un número simbólico que indica la duración de toda una generación de toda una generación que se preparó en el desierto para entrar en la tierra esperada.

El pueblo de Israel nunca recorrió solo este camino hacia la tierra prometida pues, contaba con el Arca de la Alianza que le acompañaba en todas sus empresas. El Arca de la Alianza era para el pueblo signo y presencia del mismo Yahvé que lo había sacado de Egipto. Su Contenido: Las tablas de la ley, el bastón de Aarón y algunos granos de maná; eran las reliquias más preciosas que conservaba, le daban la convicción de que Dios había obrado en su favor. De ahí en adelante el Arca se convirtió en la prueba fehaciente del poder de Yahvé.

Dios nos acompaña en todo el caminar de la vida dándonos la seguridad y confianza necesaria. Él es nuestro refugio y fortaleza. El Santísimo Sacramento que está guardado en el sagrario es para nosotros los cristianos la misma presencia divina. Es Cristo que cumple su promesa de acompañarnos hasta los últimos días, dándonos fuerzas para la lucha de la vida.

Josué 6, 1-20
La tierra prometida no estaba libre sino dominada por Jericó, una ciudad amurallada y bien protegida contra los ataques de los enemigos. Dios había señalado a Josué que esta era la tierra de su elección, pero para que pasara a ser propiedad de Israel tenía que obedecer perfectamente a sus planes. Las instrucciones para apoderarse de la ciudad nos perecen ahora a nosotros escandalosas y ridículas, pero para el pueblo de Israel estaban significando. A pesar de que Israel no contaba con un ejército ni armamento iba a enfrentar a una ciudad guerrera y amurallada. En apariencia, Dios le pide al pueblo un imposible, pero Israel nunca estuvo solo en la lucha y va a vencer a Jericó por su obediencia a su voluntad y porque no se separaba del Arca de la Alianza a la que llevaba por delante. El pueblo avanzó seguro de la victoria porque el poder de Dios estaba con él.

Como podemos notar, la conquista de la tierra prometida fue difícil para Israel; después de 40 años de luchas y sacrificios en el desierto y de enfrentar a fuerzas superiores logró la conquista de la herencia divina. Del mismo modo, la conquista de la Patria Celestial no es para el cristiano cosa fácil.

La vida eterna se alcanza con cansancios y sudores pues Dios, al mismo tiempo que nos acompaña y nos da las gracias necesarias para perseverar, nos pide nuestro máximo esfuerzo. Hay un dicho popular que dice: «El que quiera azul celeste, que le cueste»; cumplir la voluntad de Dios es difícil, pero no imposible para quien cuenta con la fuerza divina. Por eso, Él nos ha asegurado su presencia y compañía en todo nuestro caminar. El cincelazo 391 resume la idea: «La verdadera felicidad cuesta». El Señor nos da la oportunidad de merecerla a través de un poquito de sacrificio.

Josué 24,24
Una vez que tomaron posesión de la tierra, las doce tribus de Israel se la repartieron equitativamente. No tenían gobierno en común que los unificará; su única ley era la ley divina que había quedado grabada en las tablas de piedra. Estaban unidas en Dios al que servían y obedecían, al mismo tiempo que se mantenían como pueblo fuerte y vigoroso. La prosperidad y la paz acompañaban a los Israelitas.

En estas circunstancias Israel hizo una experiencia muy especial, comprobó que el cumplimiento de los mandatos del Señor lo hacía un pueblo fuerte. Por eso caminaba con paso fuerte y decidido, pues, Dios le sonreía con toda clase de bienes espirituales. Hoy en día el cristiano también encuentra en la vivencia de la palabra de Dios un medio para fortificarse. La obediencia a la voluntad divina nos va capacitando para entender planes futuros. Es un principio espiritual: «Cuanto más nos empapamos de la voluntad de Dios más nos fortalecemos de su poder» (Czo. 551). En cambio, los descuidados y superficiales no tienen fuerza ni decisión, y, como veremos más adelante, se exponen a la miseria y a la explotación de los abusivos.

¿QUIÉNES SON LOS JUECES?

Jueces 2, 11-18
Pasamos en este momento a una época especial dentro de la historia de la salvación: Los jueces». El pueblo de Israel asediado por los rivales vecinos tiene la tentación constante de volverse a la idolatría. En la prosperidad alcanzada pronto se olvidó de Dios dejando de observar la ley. Tal situación ocasionó la ruina del pueblo que cayó en manos de los salteadores que lo dejaron en la más penosa miseria.

En realidad, Dios mismo hizo caer a Israel en manos de enemigos para hacerle entender de una vez por todas que sin Él nada podía. Pero al pueblo le costaba mucho entender esta lección y volvió una y otra vez a caer en la idolatría. Esta misma historia, como un ciclo se repitió constantemente siguiendo esta secuencia:

1.- El pueblo se aparta de la ley de Dios y cae en la idolatría.

2.- Como consecuencia el pueblo se debilita y Dios lo entrega en mano de sus enemigos.

3.- En esta situación el pueblo reconoce sus errores y clama a Dios la salvación.

4.- Dios responde a los clamores del pueblo suscitando un líder para liberarlo de la opresión.

5.- Llegada nuevamente la prosperidad al pueblo vuelve a repetirse la misma historia.

Esta historia bien podría resumir la vida personal de muchos de nosotros. Mientras hay abundancia material, felicidad y prosperidad, ¡de Dios, ni nos acordamos! En cambio, cuando «nos llega la lumbre a los aparejos» y experimentamos situaciones difíciles y dolorosas, entonces sí que vamos a Dios.

Las situaciones de apuro provocan una oración más sincera y humilde, pues comprobamos nuestros límites delante del poder de Dios. Dios actúa como un educador que nos hace caer en estas situaciones para que nos acordemos de Él. El cincelazo No 173 subraya esta idea: «En la medida que uno reconoce su miseria sabe orar».

Dios responde a los clamores de su pueblo suscitando un caudillo o «juez» para restablecer el orden y la paz. Los jueces serán esas personas extraordinarias dotadas de un don o carisma especial para enfrentar la opresión de los prepotentes. Pero una y otra vez, no obstante las intervenciones divinas la historia volvía a repetirse.

Hay una frase que encierra una gran verdad: «Un pueblo que no aprende de su historia está condenado a repetir los mismos errores». Así, el frágil pueblo de Israel cayó una y otra vez sin entender la lección. Mientras estaba el juez parecía arrepentirse, pero cuando desaparecía volvía a adorar otros dioses.

EL NACIMIENTO DE SANSÓN

Jueces 14, 1-5
La historia de los Jueces es muy larga. La escritura nombra cierto número de ellos, algunos apenas mencionados y otros más importantes. Entre ellos tenemos a Otniel, Ehud, Débora y Baraq, Gedeón, Abimelek, Jefté y Sansón, de quien nos ocuparemos.

El nacimiento de Sansón se realiza a través de una acción portentosa. La madre siendo estéril recibe el anuncio de un ángel de Dios que le dice que concebirá un hijo a quien debe criar como a un consagrado, pues, le dará la misión de liberar a su pueblo de la opresión filistea.

El niño creció con el espíritu de Yahvé y pronto empezó a lucir la fuerza física extraordinaria que poseía. Este don, como todos los que Dios concede, son para realizar un servicio que Él mismo nos pide. Por ello Sansón fue favorecido con este don para que por medio de él liberara a su pueblo de los filisteos. Todos nosotros tenemos dones; no hay nadie que haya sido privado de gracias y carismas, porque Dios no puede pedirnos algo, sino contamos con lo necesario para realizarlo. Del mismo modo que el obrero necesita de sus herramientas, el cristiano necesita de los dones para poder servir; no olvidemos que el bien común depende de cada uno de nosotros. He escuchado en ocasiones a personas que por «exceso de humildad» se quejan tristemente ante los demás de no haber recibido dones. A estos habría que preguntarles: ¿No tienen vida?, ¿no tienen corazón para amar?, ¿boca para rezar? o, ¿brazos para trabajar? Este pensamiento aparentemente humilde, niega la providencia divina que da a todos dones y carismas como quiere y cuando quiere siempre con sabiduría. La verdadera humildad, como nos dice el cincelazo No 292 «no consiste en ocultar lo que el Señor nos ha dado, sino en revelar al autor de lo que tenemos».

Jueces 14, 1-3
Pero así como Sansón fue distinguido con este don extraordinario, también tuvo, como todo hombre, defectos y debilidades que le impidieron cumplir eficazmente la misión que Dios le había confiado.

Su pasión por las mujeres lo metió en muchos problemas que lo distrajeron de su misión liberadora. Por principio de cuentas, puso sus ojos en una extranjera a pesar de que la Ley Israelita no permitía uniones con mujeres paganas. La fuerza física que poseía le hacía sentirse seguro y capaz de alcanzar cualquier cosa que deseara. Nunca tuvo tiempo para preguntarse: ¿Qué quiere Dios de mí? Y así, entre pasiones y deseos superficiales, fue desperdiciando poco a poco el tiempo precioso de su juventud.

Jueces 15, 4-5
Así como un don puede servir para hacer mucho bien, también puede servir para hacer mucho mal. Antes que pudiera Sansón haber hecho algo bueno por su pueblo gracias a la fuerza que tenía, ya lo había metido en grandes problemas. Su debilidad por las mujeres lo llevó a pleitos y venganzas que irritaron a los filisteos, los cuales decidieron atacar a los israelitas.

La inteligencia, las habilidades y carismas especiales son siempre dones divinos, pero si no hay recta intención, o no están movidos por el amor hacia los demás, se convierten en armas destructoras de una comunidad. Las grandes inteligencias del mundo gastan más fuerzas en la búsqueda de armas letales que en atender las necesidades urgentes de los pueblos como el alimento, la vivienda, educación, etc.

Jueces 15, 14-18
Sansón en una demostración impresionante de su fuerza dio muerte a los filisteos. Con ellos, por fin pudo liberar a su pueblo de la opresión. ¡Una vez más, Dios intervino en favor de los suyos! Sansón se sentía orgulloso, pues tenía la seguridad de que Dios actuaba a través de él para darle la victoria. Había hecho la experiencia de que «el ánimo de luchar va unido a la confianza en la guía de Dios» (Czo. 1100).

Jueces 16, 4-9
Sansón va a experimentar la misma moraleja de todo el libro de los jueces pero ahora a nivel personal. Instalado en la fama y en la prosperidad se olvida de su misión y se casa con una extranjera. Esta mujer se va a encargar de sacarle el secreto de su fuerza para venderlo a los filisteos.

Al dejarse llevar por sus pasiones y deseos, Sansón desobedeció a Dios y perdió su fuerza. El hombre de hoy que cree alcanzar la felicidad en las diversiones y vicios nunca tendrá satisfacción; después de tanto hartarse y llenarse de las cosas del mundo, Dios le hará sentir vacío, ausencia, tedio..., para que por primera vez en su vida se plantee la pregunta ¿Es esta la felicidad?

Un hombre que falla a la voluntad divina empobrece y cae como Sansón. En cambio, la cercanía de Dios es garantía de fortaleza humana. Entre más unidos estemos a la voluntad de Dios, más fuerte será nuestra entrega y testimonio. Nos lo dice el cincelazo número 480 «Un hombre débil no puede ayudar por eso debemos hacernos fuertes para ayudar a muchas personas».

Jueces 16, 22-31
En Sansón se cumple el viejo dicho «se muere como se vive». Siendo él, un hombre apasionado y violento, no pudo tener otro fin. Engañado y ya sin fuerzas sintió coraje al oír las ofensas y burlas que le hacían. Así que le pidió a Dios la fuerza suficiente para vengarse de los castigadores. Dios le restituyó su fuerza y al grito de «muera yo y todos los filisteos» acabó con su propia vida y la de muchos filisteos, tantos como nunca había matado.

De este modo, terminamos con la vida de Sansón, un hombre consagrado y enriquecido por Dios con muchos dones, pero lleno también de debilidades y defectos que opacaron su misión liberadora. Es la historia de un hombre como cualquiera de nosotros que tiene una misión específica en la comunidad y que viene a cuestionarnos. ¿Qué tanto pongo al servicio de los demás los dones y habilidades que Dios me ha concedido? ¿Qué tanto me he dejado envolver por los vicios y pasiones que empobrecen mi generosidad?

TAREA  mandarla al correo:

1.- ¿Qué es lo que unía a las tribus de Israel y por qué las hacía fuertes?

2.- Dios otorga a cada uno de nosotros sus dones para ponerlos al servicio de los demás. Describe los carismas que Dios te ha dado y procura interpretar lo que Él quiere que tú hagas en la vida.

3.- Demuestra con un episodio bíblico el dicho «a Dios rogando y con el mazo dando».

4.- ¿Qué pasa con el hombre que en situaciones de apuro se acerca a Dios humildemente para pedirle ayuda a sus problemas?


5.- ¿Cuál sería la historia de los pueblos si los poderosos utilizaran su inteligencia para ayudar a los más necesitados?

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